Salvador
Villegas viene vagando,
Vagando
viene a pesar del vaivén.
El
vaivén lo lleva del frente hacia atrás,
De aquí
para allá con su bolsa vacía,
Vacía
porque no pudo llegar a comprar.
Viviana
y Virginia venden vidrios,
Vidrios
que ahora crujen y truenan.
Truenan
con fuerza y se quiebran,
Se
quiebran como los cimientos de la ciudad
Que hoy
cubierta de escombros está.
Hermosa
y humilde es Herlinda.
Herlinda
ayuda a Viviana y Virginia de la vidriería,
Viviana
y Virginia buscan a Villegas;
Villegas,
el de la bolsa vacía.
Y así
María, Miguel, Mariana y Manuel;
Jorge,
Juan y José,
Frida y
su compañero,
Buscan,
remueven y gritan,
Les
gritan a los que buscan
Y
buscan a los que esperan.
¿Qué
esperan? ¿La luz? ¿El mar?
¿Sentir
el calor del fuego?
¿Esperan
sentir el viento en el rostro?
Nadie
está seguro, pero saben
Que los
que esperan debajo
Esperan
con ansias.
Si hay
alguien que escucha,
Hay
alguien debajo que habla,
Que
lucha, y soporta,
Y
sobrevive.
Y
renace.
Tomaron
la ciudad en sus manos
Los
viejos, los nuevos, los de en medio,
Los de
arriba y los de abajo;
Los de
izquierda y derecha,
Los del
Centro,
Los del
norte, los del este y los de aquel.
Juntos
cavan, empacan, reconstruyen.
Resurgen.
Nadie
olvidará lo que vio
Porque
nadie evitó mirar.
Ni
siquiera el niño que perdió
El
cuaderno con el dictado de hoy.
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